«El acoso escolar
hay que enfrentarlo para acabarlo»
“Como un ave fénix”: Javier Meneses
El matoneo, o “bullying” en inglés, es uno
de los fenómenos más problemáticos entre estudiantes de colegio. Javier Meneses
Zuluaga, una víctima de esta situación, habla con tranquilidad de este tema
después de haber enfrentado y acabado con el abuso de sus «matoneadores».
Fotografía tomada de http://www.vanguardia.com/
Javier Meneses
Zuluaga es un joven recién graduado del Colegio San Francisco de Asís de Popayán y durante
casi todo su bachillerato fue víctima del “matoneo”, conocido como “bullying”
en inglés. Después de sufrir año tras año de acoso escolar y de haber “superado” — según él —
esta situación, nos cuenta con tranquilidad e interés aspectos de
su vida durante el tiempo de acoso.
El profesor
José Sanmartín Esplugues, filósofo y escritor español especialista en estudios
sobre violencia, afirma que “el acoso escolar es una especie de tortura,
metódica y sistemática, en la que el agresor sume a la víctima, a menudo con el
silencio, la indiferencia o la complicidad de otros compañeros”, el joven
Javier señaló que en su salón “el matoneador hablaba y el resto callaba”. En
Colombia este fenómeno está tomando vuelvo últimamente, no porque nunca antes
haya existido, sino porque apenas viene a tenerse en cuenta como un problema
que las instituciones deben prever entre sus estudiantes.
Javier Meneses, por ser uno de los estudiantes más brillantes
de su clase, empezó a ser blanco de burlas por parte de sus «matoneadores». “Yo
comencé a pensar que ser buen estudiante no renta”, declaró Meneses quien
debido a esto bajó su rendimiento académico y cambió radicalmente de amistades,
lo que llevó a que su situación empeorara cada día más. A pesar que para él
hubo muchas decepciones que marcaron su personalidad, afirma que si salió del
infierno del acoso escolar fue gracias a él mismo, pues jamás tuvo apoyo por
parte de sus compañeros observadores. Cuando decidió acabar definitivamente con
esta violencia, tuvo que ganarse el respeto de toda su promoción enfrentando
este problema con madurez y en soledad, ya que en ningún momento pidió ayuda a
su familia, ni mucho menos a sus profesores.
VANESSA LÓPEZ: ¿A qué edad inició este
conflicto?
JAVIER MENESES: Me he preguntado mucho
eso y podría decirse que aproximadamente desde grado tercero o cuarto, donde
las cosas no pasaban de una recocha. Pero realmente la situación empeoró a
partir grado sexto, a los once años, cuando ya estaba en bachillerato.
VANESSA: ¿Quiénes eran sus agresores?
J.M: Compañeros de mi salón que
empezaron a tratarme de nerd, creo que ahí empezó todo. Yo comencé a pensar que
ser buen estudiante no renta y esa es una de las fallas de la educación en
Colombia. El buen estudiante y el mal estudiante van a pasar al mismo año,
sobre todo si es un colegio privado,
entonces ellos —los matoneadores— saben que podrán seguir molestándote el año
entrante.
VANESSA: ¿Por qué la agresión hacia
usted y cómo fue ésta, verbal y/o física?
J.M: Cuando era niño casi no lo sentí, pues
apodo va y apodo viene. Después ya te la montaban con todo: con tu aspecto
físico, por tu posición socioeconómica —yo
vivía cerca de Alfonso López— tomaban cualquier
cosa para molestarte, exprimen absolutamente todo de ti. Hubo un cyberbullying
también, algunos agresores —que no los
tenía como amigos en Facebook— entraron
con cuentas de otros compañeros, me insultaban en mi muro y no tenían
escrúpulos al poner el “atentamente de”. Después llegó alguien en grado noveno
que ya empezó con agresiones físicas, me empujaba y me llamaba gay porque yo no
hacía nada. Todos me tiraban balones en la cabeza, me lanzaban papeles o me
hacían alguna maldad.
VANESSA: ¿Cómo afectó a su personalidad todo
eso?
J.M: Influyó mucho, dividió mi vida en dos.
Tenía una autoestima muy baja, te hacen creer que eres esa persona que ellos dicen.
Es un trauma porque sientes que siempre que la gente ríe, lo hace por ti. El
problema es que me dejé acomplejar, tanto que llegué a pensar que era un
fenómeno.
VANESSA: ¿Cómo era la actitud de sus
compañeros observadores?
J.M: Algunos me decían “páratele, no te dejés”, otros simplemente callaban. Nunca he solucionado mis problemas con golpes, no fui criado así. La realidad era que por evitarse el problema con los agresores, ningún compañero me ayudaba.
VANESSA: ¿Pensó en salirse del colegio?
J.M: Sí, claro, muchas veces me dije “ya no
soporto más esto”. Pero a pesar de todo te encuentras en el camino personas que
te entienden, y fue uno, un solo compañero que me ayudó en ese momento. Me vio
tan mal que le tuve que contar todo, me hice buen amigo de él y me apoyó,
porque a vos todo el mundo se te abre del parche. Cuando me iba a salir él me
dijo: “Javier si vos te vas es decirle a ellos que lograron su cometido: que te
largués del colegio”, eso en realidad me llegó mucho. Y así fue, me dije “aquí
me quedo” así sea con terquedad, yo voy a salir adelante.
VANESSA: ¿Acudió a alguien en algún
momento?
J.M: Me doy cuenta que jamás supe y acepté
que era víctima de bullying, en ese tiempo no se lo conté a nadie por miedo a
más discriminación, me daba pena decirle a mi mamá “mamá mira que me pasa esto
en el colegio”. No quería contarlo porque crearía lástima y eso jamás lo
permitiría. Era como un borracho, cuando estás borracho no aceptas que estás
así.
VANESSA: ¿Podría ubicar el peor momento de
su situación?
J.M: Quise convertirme en uno de ellos, eso
es lo peor que se puede hacer. Empecé a salir con mis matoneadores y me volví
borrachín, consumí droga —gracias a Dios
fue una sola vez— y llegué hasta empujar a mi mamá. Hubo un boom
en décimo, que fue cuando perdí entre ocho y nueve materias ocupando el último
lugar. Me volví así ¿y para qué?, si a pesar de todo seguían riéndose de mí.
VANESSA: ¿Y cuándo decidió cambiar esa
triste realidad?
J.M: Quise cambiar cuando toqué fondo, me
dolía mucho ver llorar a mi mamá por mí, quise cambiar mi esencia por otras
personas. Volví a ser buen estudiante y cada vez que algún compañero quería
montármela, traté de dialogar con él hasta que se diera cuenta que perdía el
tiempo molestándome.
VANESSA: ¿Cómo resultó ese cambio?
J.M: Renací de las cenizas como un
ave de fénix, pasé de ocupar el último puesto en décimo grado, a ocupar el
segundo lugar en once.
VANESSA: ¿Y sus matoneadores?
J.M: Ellos saben que no tuve que usar
la violencia para librarme de su acoso, jamás peleé con nadie, jamás insulté a
nadie, sólo con diálogo lo logré y eso es lo más bonito de todo. Por cosas de
la vida algunos llegaron a pedirme ayuda y no se las negué, sus miradas decían:
“él lo logró”.
VANESSA: ¿Qué le diría a otras víctimas
del matoneo?
J.M: Sé tu mismo, si vas a cambiar
hazlo para bien y no te dejes acomplejar como lo hice yo. Algunos piensan que
no debes hacerle caso a los insultos de otros, pero no, uno no debe quedarse
callado si vive esa situación. Hay que enfrentarlo para acabarlo.
VANESSA: ¿Cómo está su personalidad
ahora?
J.M: Ahora soy una persona más activa,
me gusta conversar y sobre todo ayudar. Sabes, si me hicieran esa pregunta de
“Si pudieras viajar al pasado ¿quisieras cambiar algo?”, diría que no. Aunque
no quiero vivir de nuevo esa situación, sé que todo eso me constituye y me hace
quien soy ahora.
VANESSA: Por último ¿quisiera que a la hora de
editar la entrevista pusiera su nombre original?
J.M: No.
VANESSA: ¿Por qué?
J.M: No sé, quiero que pongas un nombre
bien chévere, pero no el mío.
VANESSA: ¿No cree que mostraría más
seguridad poniendo su nombre original, ya habiendo superado toda la situación?
J.M: No, porque eso es algo que ya pasó y
quiero dejarlo ahí, donde pasó.

