Welcome to my blog, hope you enjoy reading
RSS

miércoles, 5 de diciembre de 2012

Entrevista



«El acoso escolar hay que enfrentarlo para acabarlo»

“Como un ave fénix”: Javier Meneses

El matoneo, o “bullying” en inglés, es uno de los fenómenos más problemáticos entre estudiantes de colegio. Javier Meneses Zuluaga, una víctima de esta situación, habla con tranquilidad de este tema después de haber enfrentado y acabado con el abuso de sus «matoneadores».


 
















Fotografía tomada de http://www.vanguardia.com/



Javier Meneses Zuluaga es un joven recién graduado del Colegio San Francisco de Asís de Popayán y durante casi todo su bachillerato fue víctima del “matoneo”, conocido como “bullying” en inglés. Después de sufrir año tras año de acoso escolar y de haber “superado”  según él   esta situación, nos cuenta con tranquilidad e interés aspectos de su vida durante el tiempo de acoso.

El profesor José Sanmartín Esplugues, filósofo y escritor español especialista en estudios sobre violencia, afirma que “el acoso escolar es una especie de tortura, metódica y sistemática, en la que el agresor sume a la víctima, a menudo con el silencio, la indiferencia o la complicidad de otros compañeros”, el joven Javier señaló que en su salón “el matoneador hablaba y el resto callaba”. En Colombia este fenómeno está tomando vuelvo últimamente, no porque nunca antes haya existido, sino porque apenas viene a tenerse en cuenta como un problema que las instituciones deben prever entre sus estudiantes. 

Javier Meneses,  por ser uno de los estudiantes más brillantes de su clase, empezó a ser blanco de burlas por parte de sus «matoneadores». “Yo comencé a pensar que ser buen estudiante no renta”, declaró Meneses quien debido a esto bajó su rendimiento académico y cambió radicalmente de amistades, lo que llevó a que su situación empeorara cada día más. A pesar que para él hubo muchas decepciones que marcaron su personalidad, afirma que si salió del infierno del acoso escolar fue gracias a él mismo, pues jamás tuvo apoyo por parte de sus compañeros observadores. Cuando decidió acabar definitivamente con esta violencia, tuvo que ganarse el respeto de toda su promoción enfrentando este problema con madurez y en soledad, ya que en ningún momento pidió ayuda a su familia, ni mucho menos a sus profesores.


VANESSA LÓPEZ: ¿A qué edad inició este conflicto?

JAVIER MENESES: Me he preguntado mucho eso y podría decirse que aproximadamente desde grado tercero o cuarto, donde las cosas no pasaban de una recocha. Pero realmente la situación empeoró a partir grado sexto, a los once años, cuando ya estaba en bachillerato.

 
VANESSA: ¿Quiénes eran sus agresores? 
 
J.M: Compañeros de mi salón que empezaron a tratarme de nerd, creo que ahí empezó todo. Yo comencé a pensar que ser buen estudiante no renta y esa es una de las fallas de la educación en Colombia. El buen estudiante y el mal estudiante van a pasar al mismo año, sobre  todo si es un colegio privado, entonces ellos   —los matoneadores—  saben que podrán seguir molestándote el año entrante.

 
VANESSA: ¿Por qué la agresión hacia usted y cómo fue ésta, verbal y/o física?

J.M: Cuando era niño casi no lo sentí, pues apodo va y apodo viene. Después ya te la montaban con todo: con tu aspecto físico, por tu posición socioeconómica  —yo vivía cerca de Alfonso López—  tomaban cualquier cosa para molestarte, exprimen absolutamente todo de ti. Hubo un cyberbullying también, algunos agresores   —que no los tenía como amigos en Facebook—  entraron con cuentas de otros compañeros, me insultaban en mi muro y no tenían escrúpulos al poner el “atentamente de”. Después llegó alguien en grado noveno que ya empezó con agresiones físicas, me empujaba y me llamaba gay porque yo no hacía nada. Todos me tiraban balones en la cabeza, me lanzaban papeles o me hacían alguna maldad.

 
VANESSA: ¿Cómo afectó a su personalidad todo eso?

J.M: Influyó mucho, dividió mi vida en dos. Tenía una autoestima muy baja, te hacen creer que eres esa persona que ellos dicen. Es un trauma porque sientes que siempre que la gente ríe, lo hace por ti. El problema es que me dejé acomplejar, tanto que llegué a pensar que era un fenómeno.

 
VANESSA: ¿Cómo era la actitud de sus compañeros observadores?

J.M:
Algunos me decían “páratele, no te dejés”, otros simplemente callaban. Nunca he solucionado mis problemas con golpes, no fui criado así. La realidad era que por evitarse el problema con los agresores, ningún compañero me ayudaba.

 
VANESSA: ¿Pensó en salirse del colegio?

J.M: Sí, claro, muchas veces me dije “ya no soporto más esto”. Pero a pesar de todo te encuentras en el camino personas que te entienden, y fue uno, un solo compañero que me ayudó en ese momento. Me vio tan mal que le tuve que contar todo, me hice buen amigo de él y me apoyó, porque a vos todo el mundo se te abre del parche. Cuando me iba a salir él me dijo: “Javier si vos te vas es decirle a ellos que lograron su cometido: que te largués del colegio”, eso en realidad me llegó mucho. Y así fue, me dije “aquí me quedo” así sea con terquedad, yo voy a salir adelante.

 
VANESSA: ¿Acudió a alguien en algún momento?

J.M: Me doy cuenta que jamás supe y acepté que era víctima de bullying, en ese tiempo no se lo conté a nadie por miedo a más discriminación, me daba pena decirle a mi mamá “mamá mira que me pasa esto en el colegio”. No quería contarlo porque crearía lástima y eso jamás lo permitiría. Era como un borracho, cuando estás borracho no aceptas que estás así.

 
VANESSA: ¿Podría ubicar el peor momento de su situación?

J.M: Quise convertirme en uno de ellos, eso es lo peor que se puede hacer. Empecé a salir con mis matoneadores y me volví borrachín, consumí droga  —gracias a Dios fue una sola vez—  y  llegué hasta empujar a mi mamá. Hubo un boom en décimo, que fue cuando perdí entre ocho y nueve materias ocupando el último lugar. Me volví así ¿y para qué?, si a pesar de todo seguían riéndose de mí.

 
VANESSA: ¿Y cuándo decidió cambiar esa triste realidad?

J.M: Quise cambiar cuando toqué fondo, me dolía mucho ver llorar a mi mamá por mí, quise cambiar mi esencia por otras personas. Volví a ser buen estudiante y cada vez que algún compañero quería montármela, traté de dialogar con él hasta que se diera cuenta que perdía el tiempo molestándome.

 
VANESSA: ¿Cómo resultó ese cambio?

J.M: Renací de las cenizas como un ave de fénix, pasé de ocupar el último puesto en décimo grado, a ocupar el segundo lugar en once.

 
VANESSA: ¿Y sus matoneadores?

J.M: Ellos saben que no tuve que usar la violencia para librarme de su acoso, jamás peleé con nadie, jamás insulté a nadie, sólo con diálogo lo logré y eso es lo más bonito de todo. Por cosas de la vida algunos llegaron a pedirme ayuda y no se las negué, sus miradas decían: “él lo logró”.

 
VANESSA: ¿Qué le diría a otras víctimas del matoneo?

J.M: Sé tu mismo, si vas a cambiar hazlo para bien y no te dejes acomplejar como lo hice yo. Algunos piensan que no debes hacerle caso a los insultos de otros, pero no, uno no debe quedarse callado si vive esa situación. Hay que enfrentarlo para acabarlo.

 
VANESSA: ¿Cómo está su personalidad ahora?

J.M: Ahora soy una persona más activa, me gusta conversar y sobre todo ayudar. Sabes, si me hicieran esa pregunta de “Si pudieras viajar al pasado ¿quisieras cambiar algo?”, diría que no. Aunque no quiero vivir de nuevo esa situación, sé que todo eso me constituye y me hace quien soy ahora.

 
VANESSA: Por último ¿quisiera que a la hora de editar la entrevista pusiera su nombre original?

J.M: No.

 
VANESSA: ¿Por qué?

J.M: No sé, quiero que pongas un nombre bien chévere, pero no el mío.

 
VANESSA: ¿No cree que mostraría más seguridad poniendo su nombre original, ya habiendo superado toda la situación?

J.M: No, porque eso es algo que ya pasó y quiero dejarlo ahí, donde pasó.



 

domingo, 18 de marzo de 2012

El eterno retorno


Existe una infinidad de demonios  a los que puede enfrentarse el hombre, si imaginamos que esos demonios son como los árboles de una cadena de elipses enlazadas todas entre sí, podremos entender que cada uno de los puntos sucesivos que las conforman es una estación en la cual alguna vez en la vida nos hemos estacionado. 

Estas estaciones son las situaciones de nuestra vida en dónde sentimos una u otra emoción o sentimiento, algunos seres van de una estación a otra con tal frecuencia que supongo, sus vidas deben ser desde una perspectiva apasionada: interesantes.

Algunas de estas estaciones deben ser tremendamente complicadas en sentido de malas e indeseables, por supuesto nadie negará que son necesarias, pero que quede claro: no deben ser eternas. 

Otras deben ser regocijantes, hay tanto éxtasis allí que cuando lo llamamos “auge de nuestras vidas” lo único que puede sentirse ligeramente en algunas mentes es el miedo por caer de esa preciosa nube. A veces… el aburrimiento de ese auge llega y quisiera tenerse alguna tragedia. Es el eterno equilibrio del universo, lo bueno en exceso también puede ser malo pues los extremos son negativos. 

Los llamo demonios porque te mantienen en un vaivén que a veces, sólo a veces, se vuelve insoportable. Un equilibrio entre el bien y el mal sería entonces un “ángel”, ejemplando, sería un árbol con fruta no venenosa; pero el solo hecho que haya esa perfección también es malo pues las crisis y los auges son parte del juego de no aburrirse en esta vida, por tanto esos ángeles también son demonios. Conclusión: todos los árboles son demonios y es lógico, como dijo Aristóteles: “la vida es una tragedia”. Muchos entenderían eso como algo muy pésimo pero si analizan mejor, en la tragedia hay también buenos momentos y a veces la muerte no significa un fin malo del ser.

En todo ese juego de elipses obviamente hay un centro donde la neutralidad de los árboles SÍ existe, ese centro rodeado de bosque eternamente circular es la detestable pero exquisitamente sabia “existencialidad”. Es claro que si alguna vez nos estacionamos allí debió ser por una introspección y aunque personalmente prefiero no estar en ese lugar, hay que aceptar que colabora con el autoconocimiento, necesario en todos los aspectos de la vida y sus estaciones; y más aún, del avance de subir más ramas de los árboles a tal punto de conocer sus copas, es decir, nuestros propios límites en cierta estación que puede estar o no en la copa del árbol. De hecho, algunas personas encuentran su límite pocas ramas arriba de la base e incluso en el mismo pie del árbol trazan una raya. 

Una vida bien aprovechada definitivamente debió haber pasado por todas las estaciones una y otra vez, de otro modo habría sido aburrida. Aquellos que llegan a la copa real del árbol llegaron al extremo y dependiendo de qué árbol es pueden haberse criado dioses ó criminales, por eso la cultura es la que detiene al salvajismo del animal que querría moverse con total libertad por todo aquella estación. Sería deducible comprender que con la cantidad de mentes que hay en el planeta el anarquismo sería el retroceso a una comunidad con valores primitivos, a veces colectiva entre sí pero en su mayoría de integrantes, autócratas.

domingo, 11 de marzo de 2012

Quítame el aliento...


Mírame como solo tú sabes hacerlo, con esa mirada que congela mi pensamiento.
Si quieres besarme no dudes en acercarte, porque sólo quiero que sientas la piel que deseas por dentro.
Quítame el aliento! escucha bien: dejame perdida en el extasis de tus besos.
Ven y abrazame y hazme sentir que somos uno solo ... así ... como solo tú sabes hacerlo.